Durante el Adviento no podemos olvidar la presencia del Espíritu Santo que primero actúa profetizando la venida del Mesías, y después, en Jesucristo. En la Encarnación es el Espíritu Santo el que cubre con su sombra a la Santísima Virgen para que sea engendrado el Hijo de Dios. Y es también el Espíritu Santo el que, cada vez que queremos tener a Cristo en nuestra alma, se hace presente para construir en nosotros la presencia, la vida de Cristo. El Espíritu Santo es el Santificador, es el que realiza en el alma la función de dar vida en el Señor. Es Él quien nos aconseja, guía e ilumina, fortaleciéndonos para que el mensaje que la Navidad viene a traer a nuestras almas se pueda cumplir.
En este Adviento, en este camino hacia la Navidad, hacia la presencia plena de Cristo en nuestra alma, no estamos guiados por una estrella, estamos guiados por el Espíritu de Dios Nuestro Señor. Esto tiene que ser para nosotros una grandísima certeza, tiene que darnos una gran paz y una gran serenidad. Sin embargo, exige de nosotros un entrenamiento que consiste en aprender a escuchar lo que el Espíritu Santo va diciendo a nuestra conciencia. Permitamos al Espíritu Santo hablar en nuestra vida, guiarnos e inspirarnos. Nuestro corazón debe estar dispuesto a escuchar a Dios, para que este tiempo de Adviento, en el que se produce la mayor alegría para el hombre, que es el encuentro con el Señor, no pase con las hojas del calendario, sino que sea un tiempo que permanezca en el corazón. Con una gran apertura interior, permitámosle al Espíritu Santo hablar, para así poder ir quitando todo aquello que nos impiden tener paz en el alma, junto a Cristo en Belén.
P. Cipriano Sánchez
TEXTOS PARA MEDITAR
En esta sección irán apareciendo distintos textos, poesías, pensamientos de autores conocidos,... que nos pueden ayudar a reflexionar un poco y a meditar sobre nuestro comportamiento como cristianos.
lunes, 13 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
ADVIENTO 10: TRES MIRADAS
En el Adviento celebramos el misterio de la Venida del Señor en una actitud gozosa, hecha de vigilancia, espera y acogida. Nuestra vida se presenta, con asombro siempre nuevo, ante el misterio entrañable de un Dios que se ha hecho hombre. Es este un misterio que el Adviento prepara, la Navidad celebra y la Epifanía manifiesta.
Nuestro Adviento es una mirada hacia atrás, hacia aquel acontecimiento trascendental para vivirlo con toda la intensidad, y celebrar que Dios se ha hecho hombre, que Dios ha entrado en nuestra historia, ha hecho suya nuestra debilidad y nos ha abierto el camino capaz de liberarnos del mal y del pecado.
Nuestro Adviento es una mirada a nuestro entorno para celebrar la venida constante de Dios. Invitados a vivir la venida histórica del Señor para experimentar su venida constante en las personas y los acontecimientos de nuestra vida, en todo lo que comparte nuestra cotidianidad.
Una venida que se hace constante en la oración, cuando le buscamos en el diálogo amoroso y dejamos que Él sea nuestro compañero de camino. O cuando nos reunimos en su nombre, como comunidad creyente y celebramos los sacramentos, que es donde se hace presente de manera más viva el Espíritu de Jesús.
Nuestro Adviento es una mirada a la venida definitiva como horizonte final de nuestra existencia, donde la esperanza proclama que nuestra historia no está condenada al fracaso, sino a compartir con toda la humanidad la vida plena de Dios. Una esperanza alegre y pacificadora que alienta en el camino y anima a la responsabilidad bajo la certeza de que una mano amorosa nos acogerá para eternizar nuestra vida.
Nuestro Adviento es una mirada hacia atrás, hacia aquel acontecimiento trascendental para vivirlo con toda la intensidad, y celebrar que Dios se ha hecho hombre, que Dios ha entrado en nuestra historia, ha hecho suya nuestra debilidad y nos ha abierto el camino capaz de liberarnos del mal y del pecado.
Nuestro Adviento es una mirada a nuestro entorno para celebrar la venida constante de Dios. Invitados a vivir la venida histórica del Señor para experimentar su venida constante en las personas y los acontecimientos de nuestra vida, en todo lo que comparte nuestra cotidianidad.
Una venida que se hace constante en la oración, cuando le buscamos en el diálogo amoroso y dejamos que Él sea nuestro compañero de camino. O cuando nos reunimos en su nombre, como comunidad creyente y celebramos los sacramentos, que es donde se hace presente de manera más viva el Espíritu de Jesús.
Nuestro Adviento es una mirada a la venida definitiva como horizonte final de nuestra existencia, donde la esperanza proclama que nuestra historia no está condenada al fracaso, sino a compartir con toda la humanidad la vida plena de Dios. Una esperanza alegre y pacificadora que alienta en el camino y anima a la responsabilidad bajo la certeza de que una mano amorosa nos acogerá para eternizar nuestra vida.
ADVIENTO 9: EL ADVIENTO INTERIOR
Vivir el Adviento no es fácil. Para muchos apenas adquiere relevancia, ni la palabra en sí y mucho menos su contenido. Apenas una suma pequeña de domingos que nos conduce a la Navidad.Es necesario reivindicar el sentido pleno del Adviento como actitud cristiana fundamental: esperar a Dios y esperarlo en Jesús; creer en su venida progresiva, misteriosa pero real, a nosotros, al mundo.
El Adviento todos los años nos exhorta a considerar el prodigio de la Venida del Señor. Pero nos recuerda también que su sentido sólo puede adquirir su plenitud si el Redentor no viene sólo para la humanidad en su conjunto, sino para cada uno de nosotros en particular: en sus alegrías y miserias, en sus convicciones, perplejidades y tentaciones, en todo lo que constituye su ser y su vida. Descubrir desde lo hondo de nuestras conciencias que Cristo es mi Redentor y viene a mi vida, es ponerse en el camino de Adviento.
El auténtico Adviento procede del interior. Del interior del corazón creyente del hombre y, sobre todo, de la hondura del amor de Dios. Debemos preparar el camino a su Amor y descubrir formas nuevas que nos pongan en disposición de recibir "al Salvador de Dios". De nuevo volverá a tener vigencia y sentido este bello deseo y oración: "Ven, Señor Jesús".
FELIPE BORAU
DABAR 1990, 2
martes, 7 de diciembre de 2010
ADVIENTO 8: POEMA
«Cuando venga mi Hijo,
me callaré.
Si él es la Palabra
yo ¿qué?...
Belén está ya cerca,
casi se ve.
Se acaba la tarea
que comencé.
Porque cuando en mis brazos
nacido esté,
el "hágase" que dije
repetiré.
Y ya no diré nada.
Ya ¿para qué?
Si él es la Palabra me callaré».
JL. M. DESCALZO
me callaré.
Si él es la Palabra
yo ¿qué?...
Belén está ya cerca,
casi se ve.
Se acaba la tarea
que comencé.
Porque cuando en mis brazos
nacido esté,
el "hágase" que dije
repetiré.
Y ya no diré nada.
Ya ¿para qué?
Si él es la Palabra me callaré».
JL. M. DESCALZO
ADVIENTO 7: PROGRAMAR EL ADVIENTO
Tu Adviento debería orientarse y programarse así:
--ORA. Repite apasionadamente, como la esposa, el «Ven, Señor Jesús», o el «Venga a nosotros tu Reino»; levanta tus manos suplicantes y tu corazón en vela. Céntrate en las grandes figuras de Adviento, como Juan el Bautista. Y, sobre todo, no dejes de fijarte en María, la que culmina todas las esperanzas de los hombres.
--VIGILA. «Estad en vela». Se nos cierran muchas veces los ojos por el sueño o el embotamiento. Puede que venga el Señor y no nos enteremos. Vivimos demasiado superficial y distraídamente, y así no hay posibilidad de Adviento. Pues «ya es hora de espabilarse».
--TRABAJA. Pon tus manos, tu corazón y tus talentos al servicio del Reino. Dios quiere valerse de nosotros para hacerlo realidad. Y trabaja también en ti mismo, en tu propia renovación, para llenarte de ideales y compromisos.
--CONFÍA. Con un talante escéptico o resentido, o amargo y pesimista, nada se puede construir. Confía. Primero en ti mismo y en tus capacidades. Pero no confíes sólo en ti. Confía, sobre todo, en la fuerza que viene de lo alto. Para Dios todo es posible..
--AMA. Al Rey del amor sólo se le puede recibir con amor, amando. Amando llega más pronto el que se espera. El amor, en definitiva, es la preparación mejor, el camino más recto, para llegar a Belén y celebrar la Navidad.
CARITAS
RIOS DEL CORAZON
ADVIENTO Y NAVIDAD 1992.Págs. 31 s.
--ORA. Repite apasionadamente, como la esposa, el «Ven, Señor Jesús», o el «Venga a nosotros tu Reino»; levanta tus manos suplicantes y tu corazón en vela. Céntrate en las grandes figuras de Adviento, como Juan el Bautista. Y, sobre todo, no dejes de fijarte en María, la que culmina todas las esperanzas de los hombres.
--VIGILA. «Estad en vela». Se nos cierran muchas veces los ojos por el sueño o el embotamiento. Puede que venga el Señor y no nos enteremos. Vivimos demasiado superficial y distraídamente, y así no hay posibilidad de Adviento. Pues «ya es hora de espabilarse».
--TRABAJA. Pon tus manos, tu corazón y tus talentos al servicio del Reino. Dios quiere valerse de nosotros para hacerlo realidad. Y trabaja también en ti mismo, en tu propia renovación, para llenarte de ideales y compromisos.
--CONFÍA. Con un talante escéptico o resentido, o amargo y pesimista, nada se puede construir. Confía. Primero en ti mismo y en tus capacidades. Pero no confíes sólo en ti. Confía, sobre todo, en la fuerza que viene de lo alto. Para Dios todo es posible..
--AMA. Al Rey del amor sólo se le puede recibir con amor, amando. Amando llega más pronto el que se espera. El amor, en definitiva, es la preparación mejor, el camino más recto, para llegar a Belén y celebrar la Navidad.
CARITAS
RIOS DEL CORAZON
ADVIENTO Y NAVIDAD 1992.Págs. 31 s.
viernes, 3 de diciembre de 2010
ADVIENTO 6: LA PODA DEL ÁRBOL
Todos sabemos lo que es la poda, el corte que se hace a los árboles y a las plantas para que rebroten con más fuerza. Es curiosa la imagen de algunos árboles cuyas ramas no sólo parecen, sino que son muy jóvenes, saliendo de un tronco centenario. El conjunto da la impresión de juventud, lozanía, frondosidad y hasta sus ramas son más elásticas para adaptarse a los espacios disponibles o a la fuerza del viento que parece querer romperlas pero no lo consigue, a diferencia de la dureza del viejo enramado que cruje y se desgaja por no poder adaptarse a la corriente del viento ante quien parecen inclinarse, pero no para someterse, sino para resistir mejor. (...).
Así es el Espíritu de Jesús, como la savia, que siempre corre por el interior del árbol, pero necesita nuevos brotes que renueven sus formas de presencia o hagan más lozana y frondosa su misión. El Adviento es el tiempo del cambio, de la renovación, de la conversión, en el que aparece la invitación a la poda personal y comunitaria.
J. ALEGRE ARAGÜES
DABAR 1989, 2
Así es el Espíritu de Jesús, como la savia, que siempre corre por el interior del árbol, pero necesita nuevos brotes que renueven sus formas de presencia o hagan más lozana y frondosa su misión. El Adviento es el tiempo del cambio, de la renovación, de la conversión, en el que aparece la invitación a la poda personal y comunitaria.
J. ALEGRE ARAGÜES
DABAR 1989, 2
lunes, 29 de noviembre de 2010
ADVIENTO 5: LOS PERSONAJES DEL ADVIENTO
Al ser la venida de Cristo anunciada por los profetas, señalada por el Precursor y realizada por la Virgen, tres son las figuras centrales del Adviento: Isaías, Juan Bautista y María.a) Isaías. Durante el Adviento, tiempo de esperanza y de preparación, se lee el libro de Isaías. Isaías es el guía espiritual del «resto» de Israel. Como profeta, tuvo experiencia de la justicia de Dios y de la injusticia de los poderosos y mantuvo la esperanza del pueblo de Dios, al anunciar que vendría un reinado de paz, justicia y felicidad.
b) Juan Bautista. Continuador del mensaje profético de Isaías es Juan Bautista, el precursor. Fortalecido por el Espíritu, vivió en el desierto hasta el día del Adviento de Yahvé a Israel. Su misión es preceder al Señor, dar testimonio de la luz a un mundo en tinieblas y ser el amigo del Esposo que preludia el encuentro nupcial con la esposa, la humanidad dolorida. Los domingos segundo y tercero se centran en la persona y la obra del Bautista.
c) María. El final de este tiempo está referido a María, la madre de Jesús, que vivió intensamente el Adviento durante los nueve meses de gestación del Salvador en su seno. En tanto que Isaías anuncia ocho siglos antes el nacimiento del Salvador, y el Bautista lo señala en medio del pueblo, María lo entrega. Es bendita por ser madre, y lo es «entre todas las mujeres» por aceptar plenamente el Espíritu de Dios. El reinado de su hijo Jesús no tendrá
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