TEXTOS PARA MEDITAR

TEXTOS PARA MEDITAR
En esta sección irán apareciendo distintos textos, poesías, pensamientos de autores conocidos,... que nos pueden ayudar a reflexionar un poco y a meditar sobre nuestro comportamiento como cristianos.

lunes, 9 de mayo de 2011

ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES POR INTERCESIÓN DEL BEATO JUAN PABLO II (1ª)

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

PASCUA 11: VIVIR DE NUEVO

En nuestra vida tenemos experiencias de las que decimos que es como vivir de nuevo, o como tener una nueva oportunidad: cuando nos recuperamos de una enfermedad o salimos ilesos de un accidente. Esas situaciones límite nos ayudan a valorar lo que tenemos e incluso pueden llevarnos a cambiar nuestra forma de vida. Gracias a ellas descubrimos lo verdaderamente importante. La resurrección de Jesucristo lo hace todo nuevo. No se trata de que su espíritu permanezca entre nosotros, sino de que la tumba está vacía y su carne ha sido glorificada. Por eso Jesús se aparece a los apóstoles, y también nosotros podemos encontrarnos con Él, porque está vivo y sale al encuentro de los hombres.
Al confesar su resurrección, nuestro corazón se ensancha y comprende mejor todo lo que puede esperar. La resurrección del Señor nos coloca ante lo más grande y por eso toda nuestra existencia cobra una nueva densidad. Ya no nos amenaza la muerte porque sabemos que no tiene la última palabra. Jesús nos ha liberado y, resucitado, camina junto a nosotros haciendo que sea posible vivir de un modo distinto, haciendo crecer en nosotros la esperanza. Porque la tumba está vacía el mundo no es absurdo.

PASCUA 10: POEMA

Te amo, mi Dios, y mi solo deseo
Es amarte hasta el último respiro de mi vida.
Te amo, oh Dios infinitamente amable,
Y prefiero morir amándote
Antes que vivir un solo instante sin amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido
Es aquella de amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua
No pudiera decir que te amo en cada instante,
Quiero que mi corazón te lo repita
Tantas veces como respiro.
Te amo, oh mi Dios Salvador,
Porque has sido crucificado por mí,
Y me tienes aquí crucificado por ti.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
Y sabiendo que te amo. Amén

(san Juan María Vianney)

viernes, 6 de mayo de 2011

PASCUA 9: SE BUSCAN TESTIGOS DEL RESUCITADO

Jesús dijo a Tomás: "Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto" (Jn 20, 29)
Estas palabras de Jesús se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque "no lo veamos" con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos "felices", porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.
Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.

PASCUA 8: PRIMERA Y PRINCIPAL VERDAD DE NUESTRA FE

Los apóstoles de Jesús comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: Jesús de Nazaret, quien fue clavado en una cruz y sepultado RESUCITÓ. Todo su mensaje giró en torno de esta noticia; hoy la Iglesia también centra todo su trabajo apostólico en JESÚS RESUCITADO. A partir de esta VERDAD, se realiza la evangelización, hace dos mil años y hasta nuestros días.
La resurrección de Jesús es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación. Es un asunto fundante -en él está fundada nuestra fe- y fundamental -sin Resurrección sería absurda, y no tendría razón de ser nuestra fe-. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creéis…. Y…vosotros no podéis esperar nada de la fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20). La Resurrección de Jesús es una VERDAD, a la que de ninguna manera debemos renunciar si nos llamamos cristianos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

PASCUA 7: CELEBRAR LA PASCUA DE DIOS

Celebrar la Pascua cristianamente, además de participar personalmente en las celebraciones comunitarias, requiere vivir personalmente lo que los textos y los ritos significan.
Es preciso primeramente creer en la verdad histórica de la resurrección de Jesús. Estar convencido de que Cristo vive y está asumido en la vida gloriosa de Dios, en el centro del mundo, presente en todos los tiempos y en todos los espacios como fuerza que sostiene y configura y lleva adelante el mundo entero. Es preciso además saber y creer que somos miembros suyos, injertados en su humanidad, habitados por El, trasladados por El hasta la presencia del Padre celestial. Estamos arraigados en El, vivimos en el Cielo más que en la tierra, y todo lo que vivimos y hacemos en este mundo lo hacemos desde la verdad y con el espíritu de Jesucristo, como hijos de Dios y ciudadanos del cielo.

Esta es la fuente secreta de la vida de los cristianos, esta es la fuente de la que recibimos la fuerza espiritual para no dejarnos dominar por el mundo, para amar a Dios poniéndolo como Jesús en el centro de nuestro corazón, para amar a nuestros prójimos con el amor de Jesús con un amor de hermanos, verdaderamente afectivo y efectivo. Un amor que nos hace ocuparnos de las necesidades de los demás, tratarlos como nosotros queremos ser tratados, compartir con ellos los bienes que Dios nos da, cambiar este mundo por la influencia y la implantación del amor de Dios y del orden de la caridad.

PASCUA 6: RESURRECCIÓN, CENTRO DE LA FE Y DE LA VIDA

La Resurrección de Jesús por el poder de Dios, después de su muerte, es la consumación de la salvación de Dios, el centro de nuestra fe, y el hecho central de la creación y de la salvación del mundo.
Los cristianos nos distinguimos de los demás por muchas cosas, pero la diferencia más radical y lo más original de nuestra fe es precisamente creer que Dios, con su poder, resucitó a Jesucristo, como primicia de lo que Dios quiere hacer con todos los que crean en El. Nosotros creemos con todo nuestro corazón que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a la tierra para redimirnos del pecado y del poder de la muerte dando testimonio de la bondad de Dios y anunciándonos las promesas de la vida eterna. La incredulidad y el rechazo de los judíos lo condenaron a muerte y en el patíbulo de la Cruz Jesús manifestó definitivamente el amor de Dios aceptando la muerte de su Hijo como precio de la salvación de los hombres. Por su fidelidad, por su obediencia, por el ofrecimiento de su vida, Jesús mereció ser liberado de la muerte y glorificado en su humanidad como Juez y Señor del mundo.

Manteniéndose fiel al Padre celestial y a la misión recibida hasta la muerte, a pesar de los rechazos y las injusticias sufridas en su propia carne, Jesús quebró el poder del mal en el mundo, consumó la verdad de la vida humana en la fidelidad y la obediencia a Dios, abrió los caminos de la verdadera piedad para la humanidad entera. Por todo ello mereció ser glorificado por el Padre celestial en su carne moral, fue resucitado, transfigurado, glorificado y constituido Juez y Salvador de vivos y muertos.